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Subir sueldos en 2026: cómo decidir cuánto pagar sin perder talento ni rentabilidad

Entrevista a Juan Arza, socio de Arza & Legazpi

Todos los años por estas fechas las empresas se enfrentan a una decisión importante: ¿Debemos subir los salarios? ¿Cuánto debemos subirlos? Es una decisión en la que influyen muchos factores, y que tiene un alto impacto sobre la rentabilidad de la empresa y el clima de trabajo. Asimismo, los trabajadores están expectantes ante esa decisión, de la que depende su poder adquisitivo. Para hablar de todo ello hemos entrevistado a Juan Arza, socio de Arza & Legazpi, consultora especializada en gestión de recursos humanos. Arza ha explicado que “subir los sueldos es una necesidad, de otra forma la empresa se arriesga a perder competitividad y a que el talento, sobre todo el más valioso, se marche a otro lado”. Según los datos de convenios y estudios de mercado, los incrementos salariales medios para 2026 se sitúan entre el 3% y el 3,5%, aunque con grandes diferencias según sectores.

Durante la entrevista, Juan Arza ha insistido en que no todas las empresas ni todos los trabajadores deben recibir el mismo incremento. “No somos partidarios del café para todos, porque parece una solución fácil, pero acaba teniendo consecuencias negativas sobre la motivación y el desempeño”, ha señalado. Sectores como la tecnología, la digitalización, la construcción o determinadas profesiones sanitarias pueden registrar subidas del 7% u 8%, mientras que dentro de cada empresa es clave diferenciar según el desempeño y la situación salarial de partida: “En esa diferenciación está la clave para que el clima y la motivación sigan adelante”.

Otro de los puntos clave de la entrevista ha sido la diferencia entre salario bruto, salario neto y coste real para la empresa. Arza ha recordado que “con un salario bruto de 30.000 euros, el trabajador recibe unos 24.000 euros netos, pero la empresa asume un coste cercano a los 39.000”. Esta brecha explica por qué muchas subidas apenas se notan en el bolsillo del trabajador y alimenta el debate sobre la presión fiscal. “Los salarios reales netos han subido muy poco en los últimos 15 o 20 años, mientras los precios y los costes salariales han aumentado muchísimo”, ha concluido, apuntando a la necesidad de un replanteamiento del esfuerzo fiscal tanto para empresas como para trabajadores.

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