Álvaro Antonio Pozo pasó una parte de su vida recluido en la cárcel El Pedregal, en Colombia. Hoy, desde la libertad, comparte su experiencia y el papel que la Fundación Valora·t tuvo en ese proceso a través del programa #ValoraTuLibertad, una iniciativa orientada al acompañamiento y la reinserción de personas privadas de la libertad liderada por su presidente, Albert Ollé
Durante su estancia en El Pedregal, Álvaro Pozo participó en los talleres que la Fundación Valora·t desarrolla al interior de los centros penitenciarios. Uno de los momentos más significativos fue la construcción de una guitarra elaborada íntegramente con materiales de recolección. El instrumento, fabricado con lo que el entorno disponía, se convirtió para él en un símbolo de lo que es posible crear incluso en las condiciones más limitadas.
Otro de los proyectos que marcó su paso por el programa fue un taller de papel artesanal. La fundación introdujo la técnica del papel licuado, un proceso en el que materiales de desecho se transforman en nuevas hojas de papel. Para Álvaro Pozo, la experiencia fue reveladora: no se imaginaba que a partir de papel procesado con agua fuera posible crear un nuevo soporte desde cero. El taller no solo enseñó una técnica, sino que transmitió una idea de fondo: que con lo que parece inservible se puede construir algo nuevo.
Ambas actividades forman parte del modelo de intervención que Albert Ollé, presidente de la Fundación Valora·t, ha desarrollado desde la creación de la organización. Un enfoque basado en proyectos de creación manual, expresión artística y desarrollo de habilidades, con el objetivo de acompañar a los participantes durante su reclusión y prepararlos para el retorno a la vida en sociedad.
Álvaro Pozo ha expresado públicamente su agradecimiento hacia la fundación por el apoyo recibido durante ese período. Para él, la intervención de Fundación Valora·t no fue un trámite institucional, sino un acompañamiento real que tuvo impacto en su manera de atravesar la reclusión y de mirar lo que vendría después.
Su testimonio se suma al de otros participantes del programa que, desde la libertad, dan cuenta de una experiencia que va más allá de la actividad en sí. La guitarra construida con materiales reciclados y las hojas de papel fabricadas desde cero son, en ese sentido, algo más que el resultado de un taller: son prueba de que el proceso de transformación es posible.
